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La historia de la ozonoterapia comienza en Alemania.
El precursor del uso del
ozono, fue Werner von Siemens, quien en 1857 construyó el primer
tubo de inducción para la destrucción de microorganismos.
En la segunda década del
siglo XX, otro alemán, el químico Justus Baron von Liebig fue el
primero en estudiar las aplicaciones del ozono para uso humano.
Luego, fueron los rusos quienes aceleraron las investigaciones de
esta nueva medicina y transfirieron los conocimientos a los países
aliados. Aunque también se expandió en el resto del mundo, sobre
todo después de la II Guerra Mundial.
La dificultad para medir
un gas potencialmente tóxico, así como la necesidad de utilizar
elementos de cristal resistentes al ozono dificultó la creación de
generadores prácticos, limitando su uso.
La aparición de la
penicilina y otros antibióticos, desterró su uso en la medicina
tradicional de los años 40 y posteriores.
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